Son la imagen del pueblo malgache. Sobre una superficie mayor que la península Ibérica, el viajero descubre un verdadero mosaico de naturaleza. En más de 580.000 kilómetros, los climas y los relieves varían de una región a otra.

Estas diferencias han favorecido y contribuido al desarrollo de especies animales y vegetales de carácter endémico. Encontramos ciudades, pueblos, selvas tropicales, desiertos, cañones, terrazas de arrozales verdes, bosques de piedras… y las playas de agua azul turquesa y arena blanca, cuyo tacto es tan suave y fino como el de la seda. Y a todo eso vienen a añadirse los pequeños islotes de la Gran isla, verdaderos paraísos perdidos.